Durante este mes permaneceremos en el mismo continente del mes pasado pero vamos a cambiar de ritmo y de idioma, ¿Que tal una samba y un poco de portugués?
Ahora que ya se han acabado los carnavales vamos a hacer una escapada corta para visitar Brasil. Elegimos este mes ya que durante el período vacacional brasileño, de diciembre a febrero, puede resultar más complicado y caro; además, el grado de humedad que se alcanza en la zona comprendida entre Río y el extremo sur del país puede ser agobiante.
Durante siglos, Brasil ha simbolizado la huída hacia un paraíso tropical, alimentando la imaginación de Occidente como ningún otro país suramericano ha hecho jamás. Brasil es un país de proporciones míticas: desde su desmedida pasión por el carnaval hasta la inmensidad del oscuro Amazonas.
La mezcla étnica tuvo como fruto un pueblo alegre y fiestero, pero fuerte, y lleno de orgullo de su tierra, poseedor de un espíritu hospitalario como no se encuentra en ningún otro lugar.
Una de las características del país son sus bellísimas playas, que se extienden a lo largo de más de siete mil kilómetros de costa. Es imposible permanecer indiferente a la belleza natural de esos paraísos de arena blanca y mar del color de las turquesas. Entre las playas más visitadas, se encuentran las famosas Ipanema y Copacabana, en la ciudad de Río de Janeiro; Joaquina, en el sur del país, famosa porque allí se realizan campeonatos de surf nacionales e internacionales; Praia do Forte, en la costa norte de Bahia, sede del Proyecto Tamar, de preservación de las tortugas marinas; y las maravillosas playas del archipiélago de Fernando de Noronha.
Y cómo no a 170 km (dos horas) de Rio de Janeiro, nuestro destino preferido, la península de Armação dos Búzios con sus más de 20 playas de aguas cristalinas, gran vegetación y vistas deslumbrantes, con más de 250 días de sol y noches estrelladas todos los años .
Originalmente habitada por piratas franceses, esta feliz mezcla de varios pueblos prosperó y Búzios se transformó en una linda villa de pescadores, elegida como una de las 10 zonas más bellas del mundo. Es famosa por su combinación única de encanto, arquitectura harmónica, naturaleza incomparable, boutiques sofisticadas y restaurantes frecuentados por visitantes que vienen desde varios países del mundo para conocer esa magia.
El interior del Brasil también guarda tesoros naturales que encantan y sorprenden a todos, hasta a los más exigentes viajeros. Una de esas joyas es Foz do Iguaçu, ciudad situada en la Triple Frontera, entre Brasil, Paraguay y Argentina. La mayor atracción es el conjunto de 275 saltos de cerca de 60 m de altura conocido como Cataratas del Iguazú, uno de los paisajes más impresionantes del mundo.
Y por último, uno de los íconos mundiales de la ecología y la biodiversidad: la Amazonia. Ubicada al norte del país, ocupa un área de aproximadamente 5,5 millones de kilómetros cuadrados. Está considerada la selva ecuatorial más extensa del planeta.
Y quién se resiste a su música? . La música popular de Brasil es conocida mundialmente, por su gran variedad de manifestaciones, y por su ritmo en todos sus estilos como la samba, la bossa-nova, el choro, el axé, la lambada, el forro… La samba es una mezcla del bolero español con las cadencias y ritmos de la música africana, algo más melancólico es la bossa nova, influenciado por el jazz estadounidense, (La chica de Ipanema). En los últimos años, se ha hecho popular en todo el mundo la lambada, influenciada por los ritmos caribeños.
Y nuestra visita obligada es Río de Janeiro rodeado por el océano a un lado y por las montañas al otro, uno de los lugares más bellos del mundo, sus habitantes son conocidos como cariocas.
Río fue considerada una ciudad peligrosa, pero actualmente, existe una unidad policial especial encargada de vigilar las zonas frecuentadas por los extranjeros en un intento por mantener su integridad física.
Río está dividido en una zona norte y una zona sul (zona sur) por la Sierra da Carioca, escarpadas montañas que forman parte del Parque Nacional da Tijuca, un bosque de un verde exuberante, con bellos árboles y magníficas cascadas.
La cumbre del Corcovado, a 750 m de altura, coronada por la estatua del Cristo redimido.
El denominador común de Río es la playa, un ritual y una forma de vida para los cariocas. La playa de Copacabana es, probablemente, una de las más famosas del mundo, con una extensión de 4,5 km a lo largo de una de las zonas residenciales más pobladas del planeta. La playa de Ipanema es la más rica y chic de Río.
El Pão de Azúcar (Pan de Azúcar) es la imagen más explotada de las tarjetas postales. Existen dos funiculares que elevan al visitante 396 m por encima de Río y de la Bahía de Guanabara, desde donde Río de Janeiro parece la ciudad más bonita del mundo.
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